Una sábana, cinco disfraces y una cuenta pendiente
Una noche lluviosa, una prueba de vestuario y otra discusión que, por alguna razón, termina costándome dinero.
Afuera llovía en Tacna. No era una tormenta de película ni nada digno de una crónica dramática; simplemente, una de esas noches en las que apetece quedarse dentro. Así que nos reunimos para probar los disfraces de Halloween y comprobar que todo estuviera en orden antes de la sesión de fotos.
Risa estaba encantada con su atuendo de brujita y su varita; Yui parecía satisfecha con su combinación de negro y naranja; Towa revisaba los detalles de su traje con bastante tranquilidad, y Reina, por supuesto, ya tenía todo organizado. Yo también tenía mi disfraz listo. Bueno… «listo» quizá sea una palabra demasiado generosa para describir una sábana con agujeros.
—Todavía no entiendo por qué tengo que ir de fantasma —protesté, acomodándome la tela—. Las demás tienen vestidos, sombreros y adornos. Yo parezco una sábana que se escapó del tendedero.
Reina ni siquiera pareció inmutarse.
—Es una solución económica. Y no olvides que la sábana tiene un costo. La confección también.
—¡¿También voy a pagar por ponerme una sábana encima?!
—Si insistes tanto en reducir gastos, puedo prepararte un disfraz de momia. No te garantizo que los vendajes alcancen para cubrir todo tu cuerpo, pero ahorraríamos en tela.
Me quedé mirándola. Una parte de mí quería responderle; la otra estaba calculando cuánto me costaría discutir con ella. Al final, decidí que el fantasma era una opción bastante digna. Más o menos.
Una duda sobre cierta falda
Eso sí, antes de dar el asunto por cerrado, recordé otro detalle que llevaba tiempo molestándome: el uniforme de sirvienta que Reina me había hecho usar en otra ocasión. La falda ya me parecía demasiado corta entonces, pero últimamente tenía la impresión de que había encogido todavía más.
—Reina, dime una cosa: ¿de verdad serías capaz de hacerle esto a tu propia hermana? ¡La falda del uniforme de sirvienta ya era corta y ahora parece más corta todavía!
—Necesitaba más tela para añadir un adorno —respondió, con una calma que me pareció francamente sospechosa.
Naturalmente, no obtuve ninguna explicación adicional. Solo esa respuesta y la certeza de que, si seguía preguntando, acabaría apareciendo otra línea en mi cuenta.
Mientras tanto, las demás seguían con sus preparativos. Risa comprobaba su varita, Yui acomodaba su sombrero y Towa terminaba de revisar su traje. Reina supervisaba el conjunto como si estuviéramos preparando una producción profesional y no una sesión casera con presupuesto limitado.
Al final, todas conseguimos dejar los disfraces listos. Yo también acepté mi destino fantasmal, aunque quiero dejar constancia de que no lo hice porque Reina ganara la discusión, sino porque preferí conservar lo que quedaba de mi presupuesto.
La prueba de vestuario terminó sin grandes problemas, si ignoramos la factura invisible que parecía crecer cada vez que abría la boca. Afuera seguía lloviendo; dentro, al menos, ya teníamos los disfraces preparados. Para una noche corriente, no estuvo mal. Aunque la próxima vez pienso preguntar el precio antes de ponerme cualquier cosa.