El vestido que ya no me queda
Registro personal vinculado al especial de Halloween de TacnAnime · Un recuerdo, una sorpresa y una vieja amistad.
Algunas personas cambian de apariencia, otras adquieren nuevas costumbres y algunas siguen olvidando documentos en el trabajo. Esta vez, una broma de Halloween terminó convirtiéndose en un inesperado reencuentro con el pasado.
Hola. Soy Aika.
Tengo veinticinco años, soy profesora de Educación Física y, aunque actualmente llevo el cabello corto, hubo una época en la que lo tenía bastante largo. También hubo un tiempo en el que algunas personas pensaban que podría convertirme en modelo profesional.
No voy a decir que tenían razón, pero tampoco voy a negar que me gustaba escuchar esos cumplidos. Después de todo, ¿a quién no le agrada que le digan algo bonito?
Cumplo años el 29 de febrero. Una fecha bastante particular, por cierto. Algunas de mis amigas suelen bromear diciendo que técnicamente solo cumplo años una vez cada cuatro años y que, por lo tanto, debería ser más joven que ellas.
No voy a discutir una teoría que me favorece.
Pero hoy no quiero hablar de cumpleaños ni de mi antigua aspiración de ser modelo. Quiero contar algo que ocurrió durante el especial de Halloween de TacnAnime y, especialmente, lo que sucedió después de recuperar un vestido que llevaba muchos años guardado.
Una llave que conozco demasiado bien
Hay ventajas de conocer a alguien durante tantos años.Antes de contar lo de Halloween, debo explicar algo: tengo una llave de repuesto de la casa de Reina.
No es una situación extraordinaria. Reina y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo y, con los años, se volvió bastante habitual que pudiera entrar a su casa cuando era necesario.
Aunque hay una pequeña razón adicional.
Reina tiene una reputación impecable. Es organizada, responsable, puntual y prácticamente parece tener una solución preparada para cualquier inconveniente. Al menos, eso es lo que suele mostrar delante de los demás.
Sin embargo, existe una versión ligeramente diferente de Reina que aparece cuando termina su jornada laboral.
En ocasiones olvida algún documento, una carpeta o algo que necesita para el trabajo. Entonces recibe una llamada, revisa sus cosas y descubre que dejó algo importante en casa.
¿Y quién termina recibiendo el encargo de recuperarlo? Exactamente: yo.
Naturalmente, Reina no está de acuerdo con mi interpretación. Según ella, esos pequeños olvidos son situaciones excepcionales y perfectamente justificables.
A veces incluso me comenta que desde que comenzamos nuestra amistad me he vuelto algo descuidada. Lo dice en tono de broma, como si yo hubiera sido una influencia poco recomendable para sus impecables hábitos.
Yo siempre le respondo que, al menos, mis descuidos no suelen terminar con una llamada para que alguien tenga que regresar a casa a buscar documentos.
No sé por qué, pero esa respuesta suele dejarla bastante callada.
Supongo que, después de tantos años, conozco algunos detalles de Reina que no todas las personas tienen la oportunidad de conocer. No son grandes secretos ni nada parecido. Simplemente son esas pequeñas imperfecciones que uno descubre cuando comparte suficiente tiempo con alguien.
Y, aunque nunca lo admitiría delante de las demás, creo que Reina prefiere que esos detalles permanezcan entre nosotras.
La visita de Halloween
Una sorpresa que terminó asustando a su propia organizadora.La idea original era bastante sencilla: visitar a Reina sin avisar, recuperar un antiguo disfraz de novia y preparar una pequeña sorpresa para Halloween.
Como ya tenía la llave de repuesto, no necesitaba anunciar mi llegada. Además, sabía que podía encontrar a Reina en casa y que probablemente estaría ocupada con los preparativos de TacnAnime.
Lo que no esperaba era encontrarme con una situación tan particular.
Cuando llegué, la casa tenía un ambiente extraño. Había una silla adicional que no parecía estar en su lugar habitual. También había algunos detalles que, vistos por separado, no parecían importantes, pero que juntos conseguían crear una atmósfera bastante inquietante.
Al principio pensé que Reina estaba preparando algo para Halloween. Después supe que Maritza había contado una historia sobre una mujer que aparecía vestida de novia, con el cabello rojizo muy largo.
La historia incluía un encuentro cerca de una botica, una extraña invitación y una pregunta que, sinceramente, no era precisamente tranquilizadora:
Lo curioso es que aquella descripción me resultaba familiar. Después de todo, yo había utilizado un vestido de novia parecido muchos años atrás y mi cabello era bastante más largo que ahora.
Sin embargo, no imaginé que aquella historia pudiera terminar relacionándose conmigo de semejante manera.
Al principio intenté mantener mi papel. Quería que la sorpresa funcionara y no tenía intención de arruinarla demasiado pronto.
Pero las cosas empezaron a complicarse.
Hubo ruidos en la casa, momentos de silencio bastante incómodos y llamadas desde una habitación oscura. Incluso el teléfono terminó vibrando en uno de los peores momentos posibles.
Recuerdo especialmente aquella fotografía en la que aparecía una silueta. No voy a decir que fue aterradora, pero tampoco puedo afirmar que me tranquilizara.
En algún momento comencé a preguntarme si realmente estaba disfrutando de mi propia broma.
Lo peor fue que Reina tampoco parecía estar reaccionando como esperaba. La vi preocupada, asustada y, en algunos momentos, respondiendo de una manera bastante incoherente.
Conociéndola, aquello me pareció extraño. Reina suele tener una respuesta para casi todo, incluso cuando no tiene absolutamente ninguna.
Después apareció el diario.
Había algunas páginas escritas a mano y, entre ellas, una letra que Reina reconoció. Era la mía.
A partir de ese momento, la situación comenzó a tomar un rumbo diferente. Lo que había empezado como una broma terminó convirtiéndose en una especie de investigación improvisada.
Finalmente, Reina abrió la puerta y me encontró. Mi pequeña actuación había llegado a su fin.
No voy a negar que me sentí bastante avergonzada cuando tuve que admitir que había preparado todo para asustarlas. Especialmente porque, después de tanto esfuerzo, terminé asustándome yo también.
Reina, por supuesto, tuvo que hacer algún comentario al respecto.
Al final, conseguí mi fotografía de Halloween y pude reunirme con ellas. Aunque creo que todas necesitábamos un descanso después de aquella experiencia.
Un recuerdo que volvió a aparecer
Maritza no conocía a la mujer de cabello largo.Hubo algo que me llamó especialmente la atención durante el desenlace.
Maritza comenzó a relacionar a la mujer de la historia con una niña que había conocido muchos años atrás.
Aquella niña era yo.
En ese entonces tenía aproximadamente catorce años y llevaba el cabello rojizo muy largo. Maritza todavía era pequeña y me había visto cerca de una botica.
No sabía que aquel encuentro había quedado tan presente en su memoria. Tampoco imaginaba que terminaría recordándolo tantos años después, durante una actividad de Halloween.
Lo más comprensible es que no me reconociera inmediatamente. Ella conoce a la Aika actual, la de cabello corto, no a la adolescente que llevaba el cabello largo y que aparece en aquel recuerdo.
Para ella, aquella mujer era alguien difícil de identificar. Para mí, en cambio, fue curioso descubrir que un momento tan lejano todavía podía tener importancia para otra persona.
Reina también tuvo su parte en el asunto. Al reconocer mi letra en el diario, terminó comprendiendo lo que estaba sucediendo y decidió continuar con la experiencia.
Así que, mientras yo pensaba que todavía estaba manteniendo el misterio, Reina ya había encontrado una pista bastante importante.
No sé si debería sentirme orgullosa de haber conseguido sorprenderla o preocupada porque ella haya terminado descubriendo mi plan antes que yo misma.
El vestido de los catorce años
Hay cosas que el tiempo no conserva exactamente como las dejamos.Después de aquel episodio, Reina me devolvió el vestido de novia que había utilizado tantos años atrás.
Tenía curiosidad por volver a probármelo. No todos los días una recupera una prenda de cuando tenía catorce años. Además, me traía algunos recuerdos de aquella etapa en la que todavía pensaba que podía convertirme en modelo.
Sin embargo, apenas me lo puse descubrí que había un pequeño problema.
Apenas me lo puse noté que la parte superior quedaba demasiado ajustada. Especialmente en el busto, donde el vestido ya no cubría lo suficiente. Tuve que acomodarlo varias veces y terminé sintiéndome bastante avergonzada.
Sentí que me subía el calor a la cara.
Me quedé mirando el vestido unos segundos.
Lo dije con cierta satisfacción. No es que quisiera presumir, pero tampoco iba a fingir que no me gustaba recordar aquella etapa.
Me quedé en silencio.
Reina tiene esa costumbre de explicar las cosas como si estuviera resolviendo un problema matemático. Incluso un cumplido suyo puede terminar pareciendo una conclusión lógica.
No pude evitar reírme.
En realidad, me gustó lo que dijo. No necesitaba que Reina me asegurara que seguía siendo igual que antes. Sabía que había cambiado y tampoco quería regresar a aquella época.
Pero escuchar que esos cambios no significaban haber perdido algo importante fue bastante agradable.
Aunque, por supuesto, todavía quedaba un problema.
Me quedé observándola.
En ese momento Maritza, que había estado escuchando nuestra conversación, decidió intervenir.
Me llevé una mano a la frente.
Definitivamente, había olvidado lo complicado que podía ser conversar con Reina cuando comenzaba a justificar sus decisiones.
Y lo peor es que probablemente tenía alguna explicación perfectamente organizada para cada una de ellas.
La amistad con una persona demasiado perfecta
O cómo descubrí que Reina también tiene sus pequeños defectos.Ahora que lo pienso, mi amistad con Reina comenzó de una manera bastante curiosa.
Cuando nos conocimos, no siempre era fácil interactuar con ella. Reina tenía una personalidad que podía generar malinterpretaciones. Su manera de hablar, sus respuestas tan directas y esa expresión seria que parecía llevar permanentemente podían hacer pensar que estaba molesta o que simplemente no tenía interés en conversar.
Yo era bastante diferente. En aquella época era mucho más espontánea, expresiva y abierta. Si algo salía mal, buscaba la manera de mantener una actitud positiva. Incluso cuando no había una solución evidente, prefería pensar que algo bueno podía salir de la situación.
Reina, en cambio, siempre parecía necesitar una explicación para todo.
Con el tiempo aprendí a comprenderla. Descubrí que detrás de aquella apariencia tan seria había una persona con sus propias preocupaciones, costumbres y, por supuesto, algunos defectos que no mostraba delante de cualquiera.
Y creo que ahí comenzó una parte importante de nuestra amistad.
Porque, aunque Reina pueda parecer perfecta ante los demás, yo sé que puede olvidar documentos, dejar cosas pendientes y cometer pequeños errores que jamás admitiría con la misma naturalidad con la que señala los de otras personas.
No son cosas importantes. Tampoco tengo intención de convertirlas en grandes secretos. Simplemente me resulta divertido saber que existe una Reina diferente a la que todos conocen.
A veces pienso que ella considera que soy una amenaza para su reputación.
No tengo pruebas, pero hay ocasiones en las que acepta alguno de mis caprichos con una rapidez sospechosa.
Si le pido que me acompañe a algún lugar, que me ayude con alguna pequeña tarea o que me conceda algo que normalmente cuestionaría, puede terminar aceptando sin demasiadas objeciones.
Desde fuera probablemente parezca que Reina simplemente tiene consideración conmigo después de tantos años de amistad.
Y yo también pensaba que era así.
Por supuesto, estoy bromeando. Al menos, eso espero.
Lo cierto es que no necesito que Reina sea una persona completamente diferente para considerarla mi amiga. Tampoco creo que dos personas tengan que compartir absolutamente todo o pensar de la misma manera para mantener una amistad.
Nos conocemos desde hace muchos años, hemos compartido momentos buenos y otros bastante extraños. Algunas veces nos entendemos perfectamente y otras parece que hablamos idiomas diferentes.
Pero seguimos aquí.
Creo que me estoy convirtiendo en Reina 2.0
Una consecuencia inesperada de tantos años de amistad.Hay algo más que he comenzado a notar últimamente.
Antes era mucho más espontánea. Si surgía algún problema, mi primera reacción era buscar el lado positivo, bromear o intentar animar a los demás. No siempre encontraba una solución, pero tampoco permitía que eso arruinara el momento.
Todavía soy así. Me gusta conversar, reírme y disfrutar de las cosas. Sin embargo, ahora también puedo adoptar una actitud bastante seria cuando la situación lo requiere.
A veces analizo las cosas antes de actuar, intento encontrar una explicación lógica y pienso en las consecuencias de una decisión.
No es que me haya convertido en una persona fría. Simplemente he aprendido que no todos los problemas se solucionan con una sonrisa y una actitud positiva.
Lo preocupante es que algunas de esas costumbres me recuerdan demasiado a Reina.
En ocasiones me descubro respondiendo con la misma seriedad que ella, organizando mentalmente los pasos para resolver algo o señalando detalles que antes probablemente habría pasado por alto.
Y cuando me doy cuenta, me pregunto si estoy a punto de convertirme en una especie de...
Una versión que todavía sonríe, conversa y hace bromas, pero que ocasionalmente necesita analizar la situación antes de decidir si debe reírse.
No llego al nivel de Reina, por supuesto. Ella parece mantener esa seriedad incluso cuando la situación no lo necesita.
Yo todavía puedo cambiar de actitud con bastante facilidad. Puedo estar riéndome de algo y, un momento después, ponerme seria si considero que hay algo importante que resolver.
Aunque debo reconocer que me asusta un poco haber adquirido algunas de sus costumbres.
Tal vez sea inevitable después de tantos años de conocerla. O quizá Reina tenga razón cuando dice que algunas de mis costumbres también se le han contagiado a ella.
Si es así, no pienso asumir toda la responsabilidad.
No fui yo quien decidió que optimizar un vestido significaba cortar parte de la falda.
Algunas cosas cambian, otras no
Un vestido antiguo, una amistad larga y nuevos recuerdos.Al final, terminé aceptando que aquel vestido ya no era exactamente el que recordaba.
Tampoco podía esperar que una prenda de cuando tenía catorce años me quedara igual después de tantos cambios.
Mi cabello ya no es el mismo, mi vida tomó otro rumbo y ahora tengo responsabilidades que ni siquiera imaginaba cuando era adolescente.
Ya no estoy pensando en convertirme en modelo profesional. Ahora tengo una profesión que disfruto y una vida bastante diferente.
Pero eso no significa que tenga que renunciar a los recuerdos de aquella época.
A veces me pregunto qué habría pensado aquella Aika de catorce años si pudiera verme ahora.
Probablemente se sorprendería de muchas cosas. Y seguramente también tendría algo que decir sobre mi cabello.
También me pregunto si algún día Reina y yo hablaremos seriamente de cómo comenzó nuestra amistad. Tengo la impresión de que ambas recordamos algunas cosas de manera diferente.
Quizá descubramos que no todo fue exactamente como pensamos. Tal vez haya algún malentendido que todavía no hemos resuelto.
Aunque, conociéndonos, incluso una conversación de ese tipo podría terminar convertida en una discusión sobre quién recuerda mejor los acontecimientos.
No sería la primera vez.
Por ahora, me quedo con los recuerdos de Halloween, la fotografía que conseguimos y el vestido que, por alguna razón, ahora necesita más tela de la que tenía originalmente.
La próxima vez que Reina me devuelva una prenda, pienso revisarla antes de ponérmela.
Nunca se sabe cuánto material habrá decidido optimizar.
P. D.: Reina me dijo que debería tener más cuidado con mis cosas. Le recordé que todavía tengo su llave de repuesto. No respondió inmediatamente. Creo que ambas entendimos el mensaje.
P. D. 2: Si alguna vez Reina les dice que nunca olvida nada, no tengo ninguna intención de contradecirla. Solamente espero que no me llame para recoger algún documento después de leer esto.
P. D. 3: Maritza todavía está molesta por lo de la tela del disfraz de fantasma. Creo que Reina debería dejar de sugerir soluciones que impliquen cortar prendas ajenas. Aunque, pensándolo bien, sería una buena oportunidad para pedirle que repare mi vestido.
— Aika